Creo que nada me hará olvidar la última noche que hicimos el amor tan despacio que ni el aire movimos.
El aura de aquella habitación solo se mezclaban tu respiración y la mía. Tu mirada penetrando mi alma. Me pinte los labios del color de los tuyos y solo pude sentir que nuestros corazones tocaban la misma melodía. Ningún botón que desatar, y todos los sentimientos armados para aquella noche.
Besarnos de la manera en que nos besamos. Lento, tremendamente lento. Con los ojos cerrados, porque mil roces no eran suficientes. Nada es suficiente si no te tengo para siempre.
Aquellos besos duraron horas y dejaron en ridículo todas esas palabras que podríamos haber dicho. Me dejaste coleccionar mil y una formas de besar, para que recordara cada uno de tus gestos. Te quedabas esperando mis caricias. Nos elevamos al límite de los campos celestes, a metros de distancia sobre nuestras consciencias. Me enamoro más de ese momento, me quedo sintiendo tus ganas locas de estar en mí; y es entonces cuando me confiesas: "Nunca había sentido tanto placer". Mis costillas hacen un enorme esfuerzo por retener mi corazón dentro y nuevamente cierro los ojos para no verter llanto.
Tantas veces te hice el amor sin culpa.

No quiero perder más todo mi tiempo


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